Mi segundo trabajo

No fue una necesidad, ni tampoco presión de mis padres, pero decidí trabajar. Estaba a puertas de cumplir 21 años, había terminado la carrera de ingeniería industrial y necesitaba dinero para malgastarlo. Ocurrió un domingo, antes de mi cumpleaños, hice un par de llamadas a los anuncios del periódico y el día lunes, así de rápido, recibí dos propuestas. La primera era como practicante en una empresa textil, la segunda, como acompañante de mujeres. Esta última me llamó más la atención, no solo por la parte económica, ya que quintuplicaba los ingresos, sino porque conocería mujeres. Así que me citaron en una oficina del centro. Un hombre alto y gordo, me explicó sobre los pasos a seguir, a pesar de no estar de acuerdo con todo, acepté. Me entregó un celular, me tomaron fotografías, me pidió alguna información que la ingresaba en una computadora, y listo, eso era.

Al los dos días, tuve mi primera cita, se llamaba Claudia, era una señora de 50 años, casada y su marido había sido destacado a provincia. Así que con mucha seguridad, pasé a la sala, ella me esperaba con unos tragos, conversamos sobre muchas cosas y luego, claro está, pasamos la noche juntos hasta al amanecer.

Los demás días, eran similares, visita a mujeres, alcohol y sexo.

El día que originó un cambio radical en mi vida, fue al mes de estar metido en este tipo de negocio. Me fui enamorando de cada mujer, les agarraba un gusto increíble a cada una de ellas y fui visitándolas sin importar el dinero que podía generar a través de la plataforma. Así que el dueño del negocio me citó en la misma oficina donde tuve la entrevista.

Siéntate, dijo. Tomé asiento, e intuí lo que vendría después. Dos personas encapuchadas salieron de unas habitaciones, luego me colocaron una bolsa de tela, ataron mis pies y manos.

No se cuanto tiempo ha pasado de esto. Salí del hospital, regresé a la casa de mis padres. Hablé con ellos sobre lo que había pasado. Aprendí, no del todo.

Pasaron dos meses, busqué empleo, y recibí dos llamadas. Una como practicante en una empresa embotelladora y la otra muy parecida a mi primer trabajo, solo que ahora, debido a la extirpación recibido por los maleantes, tendré que cambiar de clientes.

El gran policía

Apuntaba al ladrón, sabiendo que se le habían acabado las balas. ¡Pum! gritó el policía para engañar a su víctima. El ladrón cayó al pavimento, golpeándose la cabeza, hizo extraños movimientos de piernas, hasta quedar quieto. El orgulloso policía se dirigió al patrullero abandonando el cadáver. Mientras el habilidoso ladrón, se limpió, y salió silbando del callejón dirigiéndose nuevamente al teatro.

Es un pobre diablo

Llegué tarde, desaliñado y sin esperanzas como de costumbre. El lugar estaba oscuro, luces de neón cada cierto tramo,  sin aire acondicionado y un olorcillo que no lo soportaba. A pesar de notar mi presencia, lloraba desconsolado, golpeaba fuertemente contra el piso, por un momento sentí lástima. Me hizo preguntas, respondí de inmediato, luego me enseñó su gran biblioteca, también me presentó a su esposa, hermanos y a todos los condenados que le vendimos el alma.

Concurso Nacional de microrrelato

El marco del Hay Festival 2017 fue un momento más que oportuno para anunciar al ganador de la segunda edición del concurso nacional de microrrelato, Historias Mínimas, organizado también por el diario El Comercio y la Fundación BBVA Continental.

En total se presentaron 4.625 postulaciones y la historia ganadora provino de la ciudad de Piura. El escritor Antonio Zeta Rivas se alzó con el premio mayor con El Explorador, una ficción sobre el viaje de Túpac Yupanqui a la Polinesia.

El segundo puesto correspondió a Rodolfo Ccahuana Capcha y la tercera ubicación fue para Daniel Ramos Ramella. La ceremonia de premiación se realizó en la casona Tristán del Pozo. El jurado estuvo compuesto por la escritora peruana Katya Adaui; el director de la Biblioteca Nacional del Perú, Alejandro Neyra; el escritor peruano José Carlos Irigoyen; el editor principal de El Comercio, Jaime Bedoya; y, el gerente de la Fundación BBVA Continental, Carlo Reyes.