Es un pobre diablo

Llegué tarde, desaliñado y sin esperanzas como de costumbre. El lugar estaba oscuro, luces de neón cada cierto tramo,  sin aire acondicionado y un olorcillo que no lo soportaba. A pesar de notar mi presencia, lloraba desconsolado, golpeaba fuertemente contra el piso, por un momento sentí lastima. Me hizo preguntas, respondí de inmediato, luego me enseñó su gran biblioteca, también me presentó a su esposa, hermanos y a todos los condenados que le vendimos el alma.

Concurso Nacional de microrrelato

El marco del Hay Festival 2017 fue un momento más que oportuno para anunciar al ganador de la segunda edición del concurso nacional de microrrelato, Historias Mínimas, organizado también por el diario El Comercio y la Fundación BBVA Continental.

En total se presentaron 4.625 postulaciones y la historia ganadora provino de la ciudad de Piura. El escritor Antonio Zeta Rivas se alzó con el premio mayor con El Explorador, una ficción sobre el viaje de Túpac Yupanqui a la Polinesia.

El segundo puesto correspondió a Rodolfo Ccahuana Capcha y la tercera ubicación fue para Daniel Ramos Ramella. La ceremonia de premiación se realizó en la casona Tristán del Pozo. El jurado estuvo compuesto por la escritora peruana Katya Adaui; el director de la Biblioteca Nacional del Perú, Alejandro Neyra; el escritor peruano José Carlos Irigoyen; el editor principal de El Comercio, Jaime Bedoya; y, el gerente de la Fundación BBVA Continental, Carlo Reyes.

Un cometa

—Papá…papá ¿Cómo conociste a mamá?

—El mismo día que mamá me conoció a mí.

—¡Papá! No dije cuándo dije cómo.

—Perdón… En un hotel en Miami, me enamoré al verla, la invité a cenar, armamos una mesa con mantel blanco llena de velas con vista al lago, luego nos recostamos a ver las estrellas, y pudimos identificar un cometa, te imaginas, qué momento, un cometa.

—¿Cómo lo hicieron?

—La edad que tienes más nueves meses.

—¡Papá! No dije cuándo dije cómo.

Amor por dinero

Amarrada al volante, sin poder hacer nada, no le quitaba la mirada al maletín. Yo, con todas la de ganar, apuntaba la cabeza de su esposo. Entrégueme el dinero, insistí. Volvió a negar, disparé. La mujer, al ver desvanecer a Ricardo, mordió las ataduras para liberarse. Cogí el dinero. Antes de salir del auto, la desamarré con cuidado, le di por error el revolver cargado, ella, sin pensarlo dos voces, se aseguró y disparó dos veces más al pobre Ricardo.