Que te hace decir que soy un farsante —dijo él—.
¿No crees que exageras? —respondió, mirándolo de frente.
La tensión crecía.
Le levantó la voz, lo insultó:
—Eres un bueno para nada.
Estaban muy cerca.
—¡Me has fallado! —gritó.
Ambos se miraron. Venía lo peor.
Hasta que un fuerte golpe… quebró el espejo.


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