Nadie lo habría imaginado. Inició con un boceto tímido, sumó un par de trazos firmes, borró las imperfecciones del camino, giró el papel y listo: una nueva obra de arte. ¿Medio millón o más? Al final, el valor de la belleza siempre se tasa en la medida exacta de la infelicidad de su creador.


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