La leyenda decía: cinco minutos ante el espejo sin cerrar los ojos y él aparecerá. Vencí el miedo y lo hice. La silueta surgió a mi costado, nítida y aterradora. Desde ese instante, el mundo se volvió un infierno abrasador. Ahora, una figura con cuernos, sentada tras una mesa roja, me bloquea la única puerta. Mi valentía se convirtió en una condena eterna.


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