Día perfecto

A las afueras de la ciudad, en una tarde de primavera, el campo estaba cubierto por una inmensidad de girasoles y astromelias.
Él la tomó del brazo con delicadeza.
Ella le sonrió de lado.

Caminaron juntos por el sendero de piedritas redondeadas, marcando cada paso con una sincronía casi perfecta, como si nada pudiera interrumpirlos.
Al llegar, él le abrió la puerta del auto con amabilidad y la cerró con cuidado.
Ella agradeció con una mirada directa a sus ojos.

—¿Nos vamos? —preguntó él, mirándola por el retrovisor.
Ella solo hizo un guiño.

El motor rugió.
Entonces encendió la sirena.
Llevaba, el heroico policía, detenida a la delincuente más buscada de la región.

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