Plagio

Eran cerca de las tres de la mañana. Forcejearon la puerta sin que nadie se diera cuenta. Algo debieron arrojar, porque el perro —un pitbull grueso, de colmillos afilados— nunca ladró.
Entraron por la sala. No habían echado llave, lo cual facilitó el ingreso.

Al fondo, Danilo seguía despierto, concentrado frente al escritorio. Escribía un cuento que decía:

“Eran cerca de las tres de la mañana. Forcejearon la puerta sin que nadie se diera cuenta. Algo debieron arrojar, porque el perro —un pitbull grueso, de colmillos afilados— nunca ladró. Entraron por la sala. No habían echado llave, lo cual facilitó el ingreso. Al fondo, Danilo seguía despierto, concentrado frente al escritorio. Escribía un cuento que decía…”

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