Apuesta

Pedí dos cervezas más, me quedé sin dinero, quería seguir tomando. Quienes serán los ilusos esta vez, me pregunté. Me acerqué a la mesa de al lado y les dije para apostar. Me miraron de reojo, luego se miraron entre sí y me preguntaron cómo. El que saca el número 6 de manera consecutiva con un dado le paga al otro dos cervezas, aceptaron. Así que pedí una servilleta y escribí este microrrelato.

Samuel y ella

El tiempo vuela y ustedes lo saben.  Son casi 6 años o más, no sé, pero para celebrar nos encontramos en el restaurante italiano de siempre. Estaba allí en la misma mesa, toda una princesa, ojos claros, cabello largo y vestido celeste, quedé inmóvil, sin saber qué hacer, a pesar que nos mirábamos fijamente. Dejé mi abrigo y sombrero en el perchero, recién pude reparar de la cantidad de gente y bulla del lugar. Me acerco a su mesa, sujeto la silla, sonrío, ella también lo hace, y como todos los años, aun no me atrevo a sentarme con ella.

Escondido

Estuve escondido por 8 horas. Tocaron el timbre, mi madre había llamado a la policía, escuché todas las indicaciones a seguir cuando se pierde un menor, ella cayó al piso, la sujetaron del brazo. Pasaron las horas, lloraba desconsolada, se arrodilló frente a la virgen de Lourdes, pidiendo que aparezca, yo estaba atrás de una maquina de coser escuchando sus promesas. ¿Qué quería lograr escondiéndome? ¿Qué lección quería dar a mi propia madre? ¿Qué me atraía estar a oscuras ? ¿Por qué algunas veces, me sumergía en las piscinas, cerraba los ojos y me enrollaba para no escuchar ni ver a los otros niños? ¿Qué me hizo tomar esa decisión? ¿Qué hay atrás de todo eso en mi cabecita?¿Por qué después de esas 8 horas que me buscaron, no quise regresar a mi cuerpito?

Mi segundo trabajo

No fue una necesidad, ni tampoco presión de mis padres, pero decidí trabajar. Estaba a puertas de cumplir 21 años, había terminado la carrera de ingeniería industrial y necesitaba dinero para malgastarlo. Ocurrió un domingo, antes de mi cumpleaños, hice un par de llamadas a los anuncios del periódico y el día lunes, así de rápido, recibí dos propuestas. La primera era como practicante en una empresa textil, la segunda, como acompañante de mujeres. Esta última me llamó más la atención, no solo por la parte económica, ya que quintuplicaba los ingresos, sino porque conocería mujeres. Así que me citaron en una oficina del centro. Un hombre alto y gordo, me explicó sobre los pasos a seguir, a pesar de no estar de acuerdo con todo, acepté. Me entregó un celular, me tomaron fotografías, me pidió alguna información que la ingresaba en una computadora, y listo, eso era.

Al los dos días, tuve mi primera cita, se llamaba Claudia, era una señora de 50 años, casada y su marido había sido destacado a provincia. Así que con mucha seguridad, pasé a la sala, ella me esperaba con unos tragos, conversamos sobre muchas cosas y luego, claro está, pasamos la noche juntos hasta al amanecer.

Los demás días, eran similares, visita a mujeres, alcohol y sexo.

El día que originó un cambio radical en mi vida, fue al mes de estar metido en este tipo de negocio. Me fui enamorando de cada mujer, les agarraba un gusto increíble a cada una de ellas y fui visitándolas sin importar el dinero que podía generar a través de la plataforma. Así que el dueño del negocio me citó en la misma oficina donde tuve la entrevista.

Siéntate, dijo. Tomé asiento, e intuí lo que vendría después. Dos personas encapuchadas salieron de unas habitaciones, luego me colocaron una bolsa de tela, ataron mis pies y manos.

No se cuanto tiempo ha pasado de esto. Salí del hospital, regresé a la casa de mis padres. Hablé con ellos sobre lo que había pasado. Aprendí, no del todo.

Pasaron dos meses, busqué empleo, y recibí dos llamadas. Una como practicante en una empresa embotelladora y la otra muy parecida a mi primer trabajo, solo que ahora, debido a la extirpación recibido por los maleantes, tendré que cambiar de clientes.