—Nombre —preguntó el doctor sin levantar la vista de la ficha.
El paciente se quedó pensando, con la boca ligeramente abierta. Tras un instante, comentó: —Carlos… Carlos. Sí, Carlos Ramírez —repitió con un tono de inseguridad.
—Número de documento —insistió el médico, con la punta del bolígrafo flotando sobre el papel.
El hombre miró el techo, como buscando la cifra entre las luces fluorescentes. Luego sacó un papel arrugado del bolsillo derecho. —106754 —lo dijo con la primera pizca de seguridad.
—¿Dónde reside? —inquirió el doctor, impacientándose ligeramente.
El paciente barrió el techo con la mirada otra vez, tocó varios bolsillos y finalmente sacó otro papel, aún más gastado. —Jirón Girasoles 458, San Lázaro —afirmó.
El doctor dejó el bolígrafo sobre una hoja para tomar notas. —Muy bien, señor Ramírez. ¿En qué lo puedo ayudar? ¿Qué es lo que siente?
El paciente, aun sin el diagnóstico de alzhéimer, levantó los hombros.


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