La médium

La conocí en un bar del centro de la ciudad. Tuve la suerte de entrevistar a Carla Ramírez, médium.
Era una mujer sencilla: vestía como cualquiera, con unos aretes de perla redondos, una media cola prolija y las uñas impecables. Tenía una boca pequeña, ojos grandes y un lunar discreto junto al labio.

Me contó cómo sus dones se manifestaron desde niña. Al principio, el miedo la paralizó: curaba heridas con solo tocar, adivinaba ausencias antes de que ocurrieran. Con el tiempo, decidió formarse: estudió, practicó y se preparó con grandes maestros.

—Mi sueño —me dijo, moviendo lentamente su taza de café— es ayudar a las personas a encontrar calma, a sanar lo invisible, a desatar los nudos que las atan.

Cuando la entrevista terminó, me sonrió apenas.
—Pronto —susurró— pasaré a otro nivel y categoría… seré una extralarge.

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