—No me gustan los mensajes de voz —me comentó Lucía, con un ligero mohín.
Fruncí el ceño. —¿Somos esposos y me dices eso?
Ella suspiró, con una sonrisa divertida en los labios. —Ay, qué tonto eres. No me refería a vos con ese, sino a voz con zeta.
Solté una carcajada. —Ah, claro. Ya decía yo… Pues, para que lo sepas, yo los detesto. Separada y sin equis, por si acaso.


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