El reo

El penal estaba perdido entre montañas, a más de cinco mil metros de altura.
Una tarde, mientras la neblina se colaba por los barrotes, un reo le preguntó a otro:
—¿Te gustaría estar en libertad?
El compañero, que llevaba más de diez años encerrado, asintió sin dudar.

Entonces el primero sacó de debajo de su cama una pequeña llave.
—Esta abre todas las puertas —dijo.
El otro lo miró con asombro.
—¿Y por qué no la usas tú?
—Porque no tengo familia —respondió con calma—. La mía murió… por mis propias manos.

El preso tomó la llave y, antes del amanecer, cruzó el portón principal.
En el primer kiosco que encontró, vio los titulares del día: política, economía, crimen, miseria, lluvia.
Sustrajo un par de diarios y unas galletas.

No tardaron en detenerlo.
Cuando lo esposaron, sonrió.
Volvía al único lugar donde aún lo esperaban.

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