En la cabaña de Gepetto

Pinocho consiguió entrar a la cabaña con las últimas fuerzas.
Tiritaba, muerto de frío, con el aire mordiendo bajo los diez grados.
Su única obsesión era la chimenea.
Buscó madera por la sala, la cocina, la despensa. Nada.
La desesperación era un dolor seco, una grieta en el pecho…
Hasta que levantó la vista.
Frente al espejo, sonrió al comprender.
Por fin tenía algo con qué encender el fuego.

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