Salto

Un lugar perfecto para suicidarse. La puerta hizo un ruido seco que resonó en cada piso del edificio. Mis pasos acompañaban el eco, que parecía explorar cada habitación rápidamente, escalando hasta la parte más alta. Allí, una luz intensa caía como una cascada. Un cuervo posaba al borde del último piso, su cabeza girando como el minutero de un reloj.

Logré llegar a la cima. Nos miramos fijamente y sentí, al observarlo, que me diría algo. Introdujo su cabeza entre las alas, como queriéndome entregar un mensaje. No esperaba nada de nadie; no había nadie en ese momento ni en ningún otro. Metí las manos en los bolsillos vacíos, extendió las alas y saltó.

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