Una mezcla de vacío y mareo me invadía. Dejaron la luz encendida, pero aún así tropecé. Martes o miércoles, qué más da, pensé. Imaginen haber tomado tantas pastillas para el dolor, mezcladas con alcohol. Ese soy yo. Temores de la vida, y aún así con ganas de escapar, no hacia adelante, sino fuera de esa habitación oscura. Delitos que nunca cometí. Justos pagan por pecadores, y ni eso me basta. Lástima y vergüenza. Atesoro recuerdos que me atormentan. Un único testigo: mi maletín de cuero, lleno de frascos con vinagre. No quieras saber qué hay dentro, pues desde ahí te observan y miran.


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