Es la primera vez que alguien secunda mi tercer crimen, a pesar de mi coartada en la quinta del barrio, cerca de la sexta cuadra, en el séptimo distrito. Allí lo espera Octavio, mi noveno amigo, quien en la década de los 90 entregó todo por el equipo en el que jugábamos. Era parte del once titular de aquel cuadro popular, doce veces campeón


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