«Debemos operarlo del corazón,» gritó el médico. «¿No crees que es muy pronto? Debemos esperar los análisis,» replicó otro. «Si no actuamos ahora, podría ser muy tarde,» insistió el doctor. «No estamos de acuerdo.» «Señores, la indicación es clara: se opera y punto.»
Al entrar a la sala de operaciones, ambos se reconocieron. Hubo un pequeño silencio. El paciente quedó helado e hizo movimientos a pesar de la condición en la que se encontraba, pues Carlos Noriega, convertido ahora en doctor, estaba frente a él. El frío torrente de anestesia ingresaba y comenzaba a sumirse en la somnolencia. Mientras recordaba cómo aquel hombre lo había humillado y ridiculizado frente a todo el colegio, hizo el primer corte en el pecho.


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