Catacumbas

Me encontraba sola y perdida. Apoyándome en una pared, giré y me vi de repente en un salón donde los rayos de luz atravesaban el oscuro recinto. Varios huesos y cráneos estaban esparcidos junto a un viejo baúl. Al forzar la cerradura, el brillo del metal me cegó. Mis manos se abarrotaron de monedas, y el tintineo repentino me hizo saltar…

Entonces, una voz interrumpió mis pensamientos: –Señorita, su pasaje por favor. Miré a mi alrededor desconcertada y solté una risa nerviosa. Le tendí una moneda al cobrador, pero me la devolvió con un gesto de desaprobación. –No sea graciosa, señorita, es falsa, dijo con tono serio. La miré con sorpresa mientras notaba un brillo especial en la moneda.

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