Listo, dijo. Se sentó, prendió la lámpara y empezó a escribir. Las ideas fueron floreciendo, creaba personajes inigualables y describía de una manera magnífica lugares que él solo conocía. Una ruma de libros reposaban al borde de su asiento. Enciclopedias, diccionarios y colecciones de escritores de antaño, de nuestros tiempos.
‒¿Qué escritores de antaño?
Los contemporáneos, o los del boom latinoamericano, respondió.
‒¿Cortázar, Fuentes?
Si, claro. Vargas Llosa, García Márquez y Borges, comentó.
‒¿Onetti también es del boom?
Sí, se dijo.
Las horas pasaban, nada de sueño, al contrario, vehemencia en la escritura. Colillas de cigarrillos, dos tazas de café, una vacía y la otra llena y fría. Nada detenía al cuentista que hace unos días fue dado de alta por trastornos mentales.


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