
Llegó a una tumba con un ramito de dalias rosadas, el viento como la memoria habría cubierto de arena el lugar y su mente. Sintió fatiga, dolor y tristeza. Hizo un último esfuerzo, limpiar la lápida para reconocer al muerto. ¡Oh sorpresa! de aquel hombre, al deletrear cada palabra, los recuerdos estaban con él y sus cenizas volaron nuevamente.

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