
Llamó desde la cárcel. Su esposa no pudo contestarle de la forma como hubiese querido. Su única hija, cogida de la falda de su madre, preguntaba con tristeza, si era su padre. Ella hizo una seña de negación. Tapó el auricular con su mano y colgó suavemente el teléfono. Esa misma noche, luego de llamar, fue ejecutado.

Deja un comentario