
Una lágrima en su mejilla. El cuerpo inerte al borde de la autopista. Sirenas y luces de ambulancias presagiaban lo peor. El fiscal tomó apuntes. Ella se arrodilló y cogió la mano del cadáver, su esposo. Le dio un beso en la frente. Lloró. La sujetaron varios hombres, mientras sus gritos desgarradores eran filmados por la prensa y el director de la película.

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