
Fumigaron la sala, cocina y habitaciones. Por la ventana trasera aún desprendía humo blanquecino del veneno. Luego de la cena, cada integrante de la familia fue a su habitación, había sido una larga jornada de trabajo. Al día siguiente, por la mañana, los despertadores de la casa volvieron a sonar a la misma hora, levantando inclusive a los vecinos, pero ahí, nadie despertó.

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