
Obligado a decir,
a sentir y a mirar;
hablar sin callar en aumento,
¿mentir?, pues no; yo
olvidé quien era: no miento;
discrepo aún
y aúllo en silencio
por lo que no supe decir,
pues en vida callé;
allí, donde no existe
el perdón y tampoco
la piel, luz y viento,
pues perderé de a poco
mi único sentido: el deber
de poder ver a quien no
quise verlo.

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