
Amaneció hoy por la tarde
a vísperas de un eclipse lunar,
me asusta el poder que tienen los dioses protectores del mar,
extrañas historias asombran a los pequeños como yo,
que dejaron huellas entre sus aguas
y se sumergieron encontrando tesoros ocultos,
secretos y extrañas criaturas que nadie conoce.
El mar sabe lo que hice y se enfurece,
Se golpea contra las peñas,
destruyendo e inundando con rabia mi pueblo que llora de dolor.
Lo observo desde la altura,
me encojo ante su bravura,
siento su magia adormecedora
que en algún momento carcomerá mi alma,
se reirá y no se compadecerá de la vida,
llevándose mis sueños en su corriente.
Miro sus cristalinas aguas y en él se refleja un rostro que no es mío.
Converso con placer, alternando sentimientos,
rugen olas seductoras encrespando mi curiosidad,
la espuma de sus olas me abrazan y
susurran al oído algo que no comprenderé, mi respuesta
se la lleva el viento y luego caerá. ¿Será el perdón?
No quisiera volver a verlo, pero me gusta mirarlo,
le digo que no lo veo pero lo contemplo,
de noche y de día,
desde aquí,
desde una piedrecita en la montaña,
acompañado por la oscuridad y la angustia,
temiendo por su inmensidad,
por su silencio que cesó para mí;
le escribo una carta que nunca le llegará,
protegeré mis palabras tímidas,
y abrazaré la lejanía para tenerlo cerca,
aunque no lo vea siempre,
buscando por lo menos su sombra,
que pronto será intrusa de mi destino.
Desde un farol observo la llanura;
ya es tarde,
la luna ilumina el inmenso manto azul;
por la mañana,
el sol color vino blanco se ocultó sin despedirse de mí,
me dijeron que estuvo detrás de nubes negras,
sonriendo bajo su sombra en el atardecer.
Me lamento a lo lejos,
lloro e imploro piedad,
ahora se nubla,
las gotas del cielo y mi llanto recorren
el barranco hacia el vacío.
Me inclino en el acantilado y mi cuerpo
se desvanece como parte de su figura y
el cielo y el mar intercambian de lugar,
pero el mar por su inmensidad no lo afecta la gravedad.
El aire me sostiene mientras canto,
también rezo a dioses y demonios del cielo y el infierno.
El cuerpo se separa de mí,
ya no me pertenece
pues la sangre ahorcó la respiración.
Despierto a oscuras dentro de la tierra,
ahora es parte de mi vida,
en mis huesos crecen plantas
y nuevos seres habitan en mí;
recorren mi interior encontrando mis tesoros ocultos,
mis secretos y mi fondo que se oxida a la eternidad.

Deja un comentario