
Mi cuerpo habla, a veces se queja, se lamenta,
se retuerce, se avejenta y se seca.
La mirada de sus ojos se encoje pues pierden fijación,
le suena el vientre y miles de aullidos vociferan de pavor,
su boca queda sin saliva reseca de palabras y sin oración.
El dolor recorre la garganta, la lengua ya no tiene movimiento
queda necrosado olvidado de tanto decir.
La frente áspera de surcos muy marcados retienen los pensamientos
oscuros, los exhala y se pierden en un torbellino que los aleja más.
Los ojos se encuentran irritados, sin brillo, perdidos en el espacio, abatidos
por dejar de mirar las sombras que se asoman y se ocultan por detrás.
Perdí la sonrisa, ahora son esquivas y sin vida,
con dientes amarillentos que se van separando por el desamor y la incongruencia.
Mi cuerpo habla, no se quiere como antes,
la barba se decolora, los cabellos abandonan sus orificios,
huyen de donde están, de donde les dieron un lugar para crecer,
quedan moribundos, aplastados por la sociedad. Otros crecen donde no deberían, invaden sin saber dónde gobernar.
No son bellos como antes: son sin color, sin olor y sin sentido.
Cruzo desapercibido por el andén,
las miradas de la calle se desvían y se asustan,
me cuesta caminar con rumbo o sin rumbo,
si me alejo estoy cerca, pero si estoy cerca no reconozco a nadie.
Mis pasos no dejan huella, volteo y me lleno de tristeza.
Los dedos de las manos y de los pies se doblan y se abrazan de dolor.
Las uñas son gruesas y sin vida, se preparan también para abandonar su lugar: me hacen daño.
La vida se va perdiendo mientras vas creciendo,
la mente también.
Ahora me quejo por un dolor fortísimo de espalda
pero no me duele la piel, ni el cuero o el pellejo,
es mucho más adentro, allí donde no se logra ver nada,
donde todo se encuentra oscuro.
Pero hay una sombra triste que me abraza y me acompaña: está llorando por mí, porque ésta sufre adentro mío.
Mi Alma siente dolor y no calma,
se lamenta por los años que vivió en mí,
y ahora quiere abandonar su lugar, su cuerpo y su caparazón que la albergó.
Partes se desprenden, como el dolor y las ganas,
la lucha que se pierde no la ganaré nunca más,
mi futuro incierto es mi pasado sin presente,
un olvido que no recordaré jamás.
Hoy vivo en dolor, sin vida, sin sed, sin saber
que el tiempo no es de mi cuerpo que acaba de callar. Tampoco de mi alma que me abandonó justo cuando la necesitaba…el día de hoy.

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