
Es una tarde fría, esas que cuando respiras sientes que el hielo entra como flechas y terminan incrustándose en la sien. Los dedos de los pies a pesar de las medias están helados y doblados. Camino lento, mirando al piso, sin saber por dónde. El brillo de mis botas parecen reflejar el cielo oscuro de una llovizna. A lo lejos, terminando la callecita por donde transito hay una pequeña banca, esas que te están esperando para que las calientes y las acompañes mientras oscurece. Al sentarme en el lado izquierdo mientras me acomodo veo una pequeña nota con una inscripción que dice “No voltees”, la sujeto y automáticamente giro la cabeza, una mano me arrancha el bolso donde guardaba mi poco dinero y algunos cuadernos con poemas escritos en la mañana. Me levanto preocupado, me despido de la banca y con la nota en la mano leyéndola por segunda vez, cruzo la calle. Abrí los ojos y me encontraba en UCI de un hospital de la ciudad, todo por hacerle caso a la nota.

Deja un comentario