Un atropello, un incendio, una caída libre y otra más para rematar. Luego vino la hambruna y, por si fuera poco, un virus estomacal devastador. Ahora, acurrucado en un rincón, el minino se muerde las uñas con nerviosismo: le queda una sola vida y el mundo afuera sigue en marcha.


Deja un comentario