Policía

Apuntaba al ladrón, sabiendo que se le habían acabado las balas. ¡Pum! gritó el policía para engañar a su víctima. El ladrón cayó al pavimento, golpeándose la cabeza. Una mancha de sangre se extendió en el suelo. El orgulloso policía se dirigió al patrullero abandonando el cadáver. Mientras el habilidoso ladrón, se limpió, y salió silbando del callejón dirigiéndose al teatro.

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