Tuki

Tuki, el cuy, posaba en lo más alto de la montaña. Respiraba el aire fresco del lugar. Miró a ambos lados y dio un salto al vacío. Sus pequeñas patitas inquietas revoloteaban como si nadara en el aire, hasta que pocos metros antes de caer sobre unas rocas del acantilado, se extendieron dos alas grandes y planeó sobre el valle, dejando atrás el susto y todos los rumores sobre las nuevas reproducciones entre roedores y aves.

Deja un comentario