Asomó la luna entre los pinos. Silencio. Luego aullidos. Nuevamente quietud. Hojas rodaban por el césped. Allí estaba. Postrado encima de una gran roca, al pie del monte más alto. Levantó su hocico, agradeciendo a la única luz que iluminaba esa noche. Garras, pelaje gris, patas llenas de lodo. Veíamos su perfil, recortado en el horizonte de las montañas. Lo encontramos, gritaron los cazadores con escopetas en mano. Se llamaba Pupy, era un cachorrito de mes y medio.


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