El tiempo vuela y ustedes lo saben. Son casi 6 años o más, no sé, pero para celebrar nos encontramos en el restaurante italiano de siempre. Estaba allí en la misma mesa, toda una princesa, ojos claros, cabello largo y vestido celeste, quedé inmóvil, sin saber qué hacer, a pesar que nos mirábamos fijamente. Dejé mi abrigo y sombrero en el perchero, recién pude reparar de la cantidad de gente y bulla del lugar. Me acerco a su mesa, sujeto la silla, sonrío, ella también lo hace, y como todos los años, aun no me atrevo a sentarme con ella.


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