Llegué tarde, desaliñado y sin esperanzas como de costumbre. El lugar estaba oscuro, luces de neón cada cierto tramo, sin aire acondicionado y un olorcillo que no lo soportaba. A pesar de notar mi presencia, lloraba desconsolado, golpeaba fuertemente contra el piso, por un momento sentí lástima. Me hizo preguntas, respondí de inmediato, luego me enseñó su gran biblioteca, también me presentó a su esposa, hermanos y a todos los condenados que le vendimos el alma.


Deja un comentario