El eco

Adriana, emocionada, lleva a su mejor amigo a la montaña para jugar con el eco.

Pedro, muy atento, dejó su pelota y se sentó en una pequeña piedra al borde del precipicio y la observó.

—¡Hola eco!

«Hola eco» Se escuchó entre las montañas.

Miró a Pedro y sonrió.

—¡Cómo estás! gritó Adriana.

«Muy Bien»

La niña echó a llorar.

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