Había quedado escondido en un armario de la universidad para terminar mi invento. Ajusté el último tornillo, acababa de fabricar la máquina del tiempo. Coloqué unos cables y transistores a la altura del cuello, apreté dos botones y antes de subir la palanca roja de encendido, tomé un sorbo de aquella jarra de vidrio que aún no estaba descubierta.


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