
Dio vuelta a la página y miles cayeron, se salvaron pocas. Pude salir de milagro de la 59, un orificio me condujo a otro lugar muy parecido al que me encontraba, era la 125. Giró otra página, y muchas quedaron aplastadas, decapitadas y sin extremidades. Escapé sola, sin amigas. Hice un largo recorrido por un túnel hasta que se antepuso la palabra “fin”. Esperé inquieta, sin embargo, el voraz lector no se compadeció, suspiró en silencio, gritó con voz alzada al viento: ¡final!
Luego con mucha delicadeza cerró el libro.

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