Dio vuelta a la página y miles cayeron, se salvaron pocas. Pude salir de milagro, un orificio me condujo a otro lugar muy parecido al que me encontraba. Giró otra página, y muchas quedaron aplastadas, decapitadas y sin extremidades. Escapé, sin amigas. Hice un largo recorrido hasta llegar a un lugar donde decía «fin». Esperé mucho tiempo, sin embargo, el voraz lector no se compadeció, suspiró en silencio, gritó «final» y cerró el libro.


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