
El viento infla las cortinas, alguien mira por la ventana, dejo de teclear, todo vuelve a la normalidad. Prendo una vela y avanzo. Golpean la puerta, me levanto y la abro de par en par. No hay nadie. Prosigo, sin parar, levanto la mirada: niños pálidos observan impacientes desde el ventanal.

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