
Decidieron conversar con él. Se reunieron en la casa de ladrillo y cemento. El lobo tomó asiento, agradecido por la buena onda de los anfitriones. Admirados por afilados colmillos y grandes garras de su invitado, le ofrecieron algo de tomar, pero negó rotundamente. Luego, le ofrecieron algo de comer. Fin.

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