
Era domingo y aún no tenía ganas de conversar. Tomaba café y preparé un pan con salchicha. Prendí la tele, sintonicé un canal religioso.
El pan es el cuerpo de Jesucristo y el vino es la sangre de nuestro Dios Padre, comentaba el párroco en plena eucaristía.
Reflexioné en lo que acababa de escuchar, y me atreví a comer, sólo, el pan.

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