
Un infarto violento terminó con la vida del patriarca. El hijo mayor quedó encargado de la repartición de la fortuna. Una mañana, cargó el revolver con cinco balas, coincidentemente: el mismo número de hermanos que tenía.
Llegada la noche, mientras dormían, disparó sin compasión, tan sólo se escucharon cuatro disparos.
Juan, el menor, ahora tiene una gran fortuna, y no se atreve en visitar a su hermano mayor a la cárcel.

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