
Vísceras regadas en el mostrador. Hígado, sesos y retazos de costillas expedían olores nauseabundos; moscas sobre volaban cada pieza. Un corazón partido vilmente por la mitad y un cuchillo teñido de sangre en el piso como muestra de un acto humillante. Varios peatones tapaban sus narices con lo que tenían en mano.
Un primo del carnicero había fallecido. Al enterarse, salió del puesto del mercado hace ya varios días, sin tiempo de guardar la mercadería en el refrigerador.

Deja un comentario