
Un músico y su violín. Una dama y una copa de vino. Melodías y alcohol, la mezcla perfecta, pensé. Extendí mi mano a la mujer, ella sonrió. Saqué mi arma y disparé. Al entierro no asistí, pero sí mi marido. Llevó dos ramos de flores. Uno para ella y otro para el hijo que llevaba dentro.

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