
Era media noche y con ayuda de la luz de una vela, Nicanor corregía un poema para el concurso del pueblo. Sintió las pequeñas manos que cubrieron sus ojos y la voz de su hija menor que le preguntaba quien soy.
Desde esa noche nunca más volvió a verla, pues esas pequeñas manos, extrajeron ambos ojos.

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