
Caminaban ocultándose entre el gentío, cada uno por su lado, siempre mirando al piso y esquivando las miradas. Hasta que se animaron.
Se miraron y sonrieron; se gustaron y conectaron; se encendieron y sonrojaron.
Se dieron media vuelta y corrieron en distintas direcciones con la cabeza inclinada hacia el suelo. Estas dos medias naranjas nunca más se encontraron.

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