
La buscaba desesperada por distintos lugares. Parecía sufrir. Cruzó una calle y no estaba. Llegó a un parque lleno de niños; tampoco. Cansada y dolida por la búsqueda ingresó a su casa, se recostó en su cama y las sábanas blancas se tiñeron de sangre. La bala perdida la había encontrado.

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